La Iglesia del nacionalcatolicismo se mantiene en sus trece.
“Con la Inquisición hemos dado, Sancho”. Pensé hace un año cuando leí las declaraciones del Vice de la Episcopal, Cañizares:
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Estaban pensando por dónde empezar un artículo, si por el coronavirus o por la incertidumbre que produce el no saber con exactitud cómo va el proceso pandémico, y me he encontrado en el diario VILAWEB con la crónica que adjunto el Link del mismo. Un artículo de Pau Ortínez del 01/02/2020.
El Hospital de Igualada muestra sus interioridades, como un modelo de la mayoría de centros de salud, donde el coronavirus forma parte del mobiliario común del lugar.
El personal sanitario está confinado con los propios enfermos y lo dan todo para mantener a raya al Covid-19, un enemigo invisible que se cuela por las personas con menos defensas y ataca con saña hasta que la deja como dato de estadísticas, ya sea contaminado, UCI, o muerta. Y entre unos y otro, un sanitario con pocos recursos para seguir en la brecha.
Pone en claro que “esto no es una guerra, es una pandemia, con consecuencias parecidas “, pero que “no es cosa de armas ni de medallas, sino de BATAS BLANCAS y de aumentar presupuesto en investigación. No es cosa de militares sino de enfermos”.
“La distopía televisada es que los protagonistas sean militares. El día que los profesionales de limpieza aprendan a a desfilar, con bayetas en lugar de cabra, puede ser lleguen a ser milieuristas. Sabéis cuantas medallas tiene el teniente pero puede ser ignoréis que aquí las enfermeras del Hospital estaban cuatro días por semana trabajando 12 horas sin tener la comida pagada. Infinitas jornadas, acabando a las tantas y tuvieron que pedir a la dirección que incluyera la comida, porque de entrada, no estaba. I así vamos. El país de las estaciones de tren sin pasajeros, tampoco no han devuelto el 4% del sueldo recortado hace años a los trabajadores del Hospital de Igualada. Y si no hacemos nada, así continuaremos. Topando de cabeza en otra crisis. Y será dura, se ve mucho que será dura.”
Hace una crítica a los recortes, hablando de: “Un país donde las manifestaciones masivas estaban al día pero que no han peleado porque la médica de atención primaria deje de hacer 140 horas gratuitas al año. El país de las huelgas, de las mareas blancas contra los recortes, silenciada por los medios de comunicación, no ha conseguido revertirlos. Porque el tren pasó de largo. Y la pandemia pone a cada uno en su lugar. Una pandemia que es el espejo y no se trata de ganar al coronavirus, porque perdemos vidas y cada tarde el mismo ritual macabro de saber la puta cifra”.
“Con la Inquisición hemos dado, Sancho”. Pensé hace un año cuando leí las declaraciones del Vice de la Episcopal, Cañizares:
Como la política de Interior hacia Catalunya se va por los albañales del estado, una y otra vez, desde antes que el dinosaurio de la Obra, Fernández Díaz y su acólito De Alfonso, españoles-apostólicos-monárquicos-romanos y bocachanclas por encima de todo, salieran en los papeles por su “benefactora labor hacia la sociedad catalana”
El día 14, en Cataluña, se inició el curso escolar con el ¡ay! al cuello y el tapabocas en bandolera. La duda se cierne sobre las cabezas maternas y paternas, sobre si habrá suficientes medidas de seguridad para evitar el contagio. Y ¡mucho ojo! que los piojos aún no han sido eliminados de las aulas, a pesar de la “experiencia” en el tiempo y en el desinfectante para ello.