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Una pinza en la nariz no evita el hedor

Y “Con él llegó el escándalo”. Un matrimonio mal avenido que tiene que comulgar con ruedas de molino para mantener una situación que hace aguas por todos lados. Eso es la película de 1960, donde el capitán Wade Hunnicutt (Robert Mitchum), a lomos de una gaviota llevó el “cortijo” a la bancarrota, por tierra, mar y aire, haciendo acopio de un “machismo” exacerbado”, sin sonrojo por parte de sus conciudadanos que, en lugar de mascarilla, ya llevaban la pinza en la nariz. Algo, al estilo de un partido actual, que ha salpicado hasta los leones de la puerta de la Cámara Baja, la cual ha quedado al nivel de las alcantarillas, ya que la corrupción de un partido y la connivencia de otros permite mantener el control de la justicia desde la cúpula del Poder Judicial a sus diferentes niveles de “puñetas”, teniendo al ejecutivo “más progresista de la historia del reino” agarrado por “sálvese la parte”, mientras que los “ciudadanos”, por llamarlos de alguna manera, ya que somos súbditos de una monarquía por la gracia del Borbón, se tapan la nariz con una pinza cuando depositan el voto en una urna. Aunque es posible que algunos disfruten bañándose en ese olor putrefacto.

Pero la cosa no es nueva, ya se destapó no hace mucho, con un mísero mensaje de WhatsApp que destilaba toda la suciedad que emanaba del PP, sobre el control de la Justicia: “Controlaremos la sala segunda (del TS) desde detrás”, “Ha sido una jugada estupenda”. Muy atrás quedaba (sobre Cataluña) aquello de “Les hemos dado en todos los morros…, les hemos destrozado el sistema sanitario, les hemos acusado, estamos jorobándoles el CTT (Centre de Telecomunicacions i Tecnologies de la Informació)”, por el mismo director de la Oficina antifraude de Cataluña, un tal Daniel de Alfonso, ante un “ministro” de la cosa oscura (Ministerio del Interior) que tenía un ángel que le ayudaba a aparcar el coche.

No obstante, como tenemos unas buenas pinzas para la nariz, para que vamos a preocuparnos. La primera era del mismo portavoz del PP en la Casa de los Leones, un tal Cosidó. La segunda era contra el gobierno de los “indepes”, que siempre están hablando de autodeterminación y de separación de la “madrepatria” y “unagrandeylibre”. Dos ejemplos de que la corrupción política anidaba en las instituciones, como Perico por su casa. Y los otros, SI, los otros, los que comparten consejos de ministros, porque son la “izquierda progresista”, queriendo y sin querer, hacen de mamporreros entre la parte menos progresista del gobierno y la sociedad a la que gobiernan, para hacer más suaves las ruedas de molino que tenemos que tragar.

Será que la disciplina de voto en el partido prevalece a los principios éticos, por muy de izquierda que te sientas.

Hemos asistido a una vergüenza de ámbito nacional, institucional, político y democrático, al renovar los cargos judiciales, que ya deberían haber dimitido, una vez caducado su período de mandato, por ética profesional y personal, pero donde no hay lo que debe de haber, esto seguirá siendo una “democracia empobrecida”.

Un escándalo, que debería hacernos reflexionar, si los representantes que dicen ser nuestros, en las instituciones, los merecemos o tenemos que ponernos una pinza en la nariz cuando estemos delante de una urna. Porque lo de depositar la confianza en los partidos hay que ponerle fecha de caducidad, Sí o Sí. “En lugar de desnatada nos la han metido entera” (diría mi estimado Cabranes), y en este caso, no precisamente la leche.

Hemos visto como los “padrinos” de los partidos mayoritarios, entre los que están los del gobierno “más progresista de la historia de España”, se han repartido los “cromos” de la judicatura sin un ápice de vergüenza. Con la excusa de que era necesario levantar el bloqueo sobre las instituciones. Como si los 1050 días que llevan de caducidad no contaran. Porque, digo yo, que se gana con la sustitución, si es más de lo mismo.

No vale, ahora, que algunos de los diputados digan que habían votado con la nariz tapada, al mismo tiempo que se escudaban en la votación secreta para no sacar sus vergüenzas a relucir. Son unos sinvergüenzas todos los que han votado a favor de las “perlas” presentadas por el PP: Enrique Arnaldo y Concepción Espejel (la “querida Concha” de Cospedal), cuya idoneidad están en tela de juicio. Porque lo que han hecho es consolidar la corrupción en las más altas instituciones del poder Judicial. Once diputados del PSOE y Podemos han roto la disciplina de partido, pero el resto, y entre ellos los de Podemos no vengan a decir que vienen a reformar la política. Y que sea Odón Elorza (PSOE) el que haya levantado la voz de romper la disciplina de voto, en defensa del prestigio y la dignidad de las instituciones del TC y el Congreso, quiere decir que “Si, se puede”. Aunque lo de la dignidad del Congreso y el prestigio del TC va a costar un ojo y la yema del otro conseguirlo. Todo lo demás son excusas de mal pagador.

Lo de Jaume Asens no me lo esperaba. Tu sabrás que ganas con ello. Porque con la nariz tapada o sin tapar, un voto a favor de la corrupción es algo sucio, muy sucio. Tan sucio que el hedor no se tapa.

Pero con un voto simbólico y diferente. Podemos habría estado al lado correcto de la historia. Aunque sea de la historia del desacreditado Tribunal Constitucional” (según señala J. Antich en El Nacional el 12/11/2021).

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