El dragaminas “Turia” de la armada se encalla
Esto, cada día, se parece más a la guerra de Gila. Mi general, nos han enviado los cañones sin agujeros
Una forma diferente de ver la actualidad política y social.
Un balcón para la Historia.
Un Racó per a Catalunya.
Un individuo, algo desaliñado para ser un psiquiatra, me miraba por encima de unas medias gafas, de las utilizadas para cerca. Le seguí hasta el interior del despacho. Era la primera vez que visitaba a uno y me sorprendió la sobriedad que reinaba. Ni tan sólo un diván, como he visto en las películas. Una mesa antigua de madera rodeada por un sillón viejo y dos sillas tapizadas, muy incómodas según comprobé de inmediato.
El tapiz de la silla se hundía y parecía querer tragarme. Hacía esfuerzos para mantenerme a flote pero fue inútil, en seguida volvía a resbalar hacia el fondo.
Su voz ya no me parecía ridícula. Y su tono amistoso me resultaba agradable. Durante más de una hora estuve hablándole de mi colección y no parecía aburrirle. ¡Era la primera vez que esto me ocurría! Había perdido el temor a hablar de mi oculta obsesión que, salvo mi esposa, nadie más conocía.
«Cambio gallo macho que canta a las seis por otro
Que cante a las siete. Posee curriculum vitae,
Filiación política, pedigree, etc…»
– Muy bueno – le animé -.
Empresa líder del ramo solicita personal de
ambos sexos. Inútil presentarse con uno solo.
– O este otro que dice:
Político asqueado busca empleo honrado en el
ámbito de las relaciones sociales o laborales.
– También, tengo otros de carácter humorístico – le interrumpí su carrera desbocada para demostrar mi sabiduría sobre el tema -, que recorté en los diarios de prensa local, por ejemplo :
Llévese la leche «el Bello Mugido», aunque su
color es blanco como todas las demás, su sabor
es diferente, con sabor a pasto rural, y de su precio
no hablemos, para que no le moleste se lo encerramos
detrás de las barras de código.
– Y éste:
No pierda los nervios buscando en el fondo del bolso
cuando oiga la llamada de su móvil. Con nuestro soporte
universal «Escapulario» lo tendrá siempre a mano, colgado
del cuello. En color plata, oro, o con incrustaciones de
piedras preciosas o diamantes, para los días de gala.
– Recorté uno el otro día, en un supermercado de un pequeño pueblo – me sentía flotar hablando de anuncios:
“Entre y compre sin mirar. Nosotros los haremos por usted”.
– Esos también están muy bien. ¿Se ha fijado que cada vez hay menos anuncios de ese tipo en la prensa? – cortó nuestra batalla publicitaria para volver a normalidad de la conversación anterior -. Yo creo que es por la proliferación la publicidad en la televisión – me aclara con cierta complicidad.
– Por eso he venido a su consulta. Por los de la televisión – el suspiro que me salió parecía estar contenido desde la creación del mundo y le hizo levantar la cabeza y mirarme interrogativamente –
No sabía cómo empezar. Quería contarle mis aficiones y las discusiones con mi esposa. Pero me quedé atragantado sin saber que era prioritario.
– ¿Se decide a contármelo? O prefiere que lo dejemos para otro día – sus palabras contradecían su curiosidad -. No se haga de rogar, hombre.
– Es que no sé cómo explicarlo – tenía en mi mente la última bronca de mi esposa -. Desde que empezaron a emitir los canales privados y el mando a distancia nos permite cambiar de uno a otro sin movernos del sofá se ha declarado la guerra en mi casa. A ella le gustan las películas y series y a mí los anuncios. Así que cuando se descuida, agarro el mando y hago zaping buscándolos, especialmente el del Curro ese. Porque el de Hola soy Edu… ya ha finalizado, que también me embobaba. Los que no consigo seguir son los referentes al agua de colonia en Navidad. Son tantos los anuncios y tan parecidos que ya no llego a diferenciar los de hombre de los de la mujer y termino ahíto. A veces con dolor de cabeza.
– Eso es saturación – saltó el especialista -. A mí me ocurre lo mismo. ¡Bueno! Una pregunta. ¿Cuántos aparatos de televisión tiene en casa?
– Uno. ¿Por qué? – me sorprendió.
– Porque sería una solución que se comprara otro para usted y se acabarían las discusiones por el mando a distancia – sus palabras estaban llenas de razón.
– En eso no había pensado – la idea era buenísima, se notaba que era psiquiatra -. Y usted cree que mi enfermedad es muy grave.
– No. ¡Que va a ser grave! – había levantado la voz, casi a grito -. Lo suyo es más normal de lo que parece. Usted sólo se conforma con coleccionar anuncios y de esa manera cataliza su ansiedad. Hay otras personas que no la tienen controlada y quedan enfermos de verdad al dedicarse a comprar compulsivamente, es decir, van a los comercios por un artículo y se traen cinco que no necesitan. Eso es lo peligroso, así que dígale a su esposa que lo suyo no tiene importancia. Y para convencerlo, le voy a dar una pequeña muestra. ¡Espere!
Pulsó un timbre que tenía en un rincón de la mesa y apareció una enfermera que hasta ahora no la había visto.
– Trae una ficha para hacer socio a este señor – le dijo, desapareciendo aquella por la misma puerta y volviendo al momento con una cartulina blanca.
– Le voy a hacer socio del Club Especial de Coleccionista de Anuncios (la CECA le llamamos), donde tengo el honor de ser el Vicepresidente. Estamos fundando un museo que lo llamaremos el Museo especial de Coleccionistas de Anuncios (la MECA). Y así podremos ir de la CECA a la MECA para disfrutar de nuestras colecciones. Cuando tengamos la próxima asamblea podrá exponer y presentar su colección. Tenemos alrededor de diez mil afiliados. Para que vea que no es un problema sino, más bien, una afición que se va extendiendo por todo el mundo. Ya que me consta que en la mayoría de países industrializados hay asociaciones de este tipo – una sonrisa de orgullo le cubría el rostro y su pecho se henchía de satisfacción -. ¿Qué me dice?
– Que me tiene alucinado. Yo creí que era una enfermedad muy peligrosa y resulta que es un hecho normal con grandes reconocimientos. Cuando se lo diga a mi esposa no se lo va a creer – ahora era yo el que sacaba pecho orgulloso de mi manía -. No sabe cuánto se lo agradezco doctor. Dígame lo que le debo que estoy deseando llegar a casa antes de que termine el programa de «Pepa elevado a Pepa» , que este sí que tiene interrupciones.
Me levante con una inmensa alegría, después de abonarle a la enfermera la minuta, y cuando salía, oía la voz del médico que canturreaba…
» Yo soy aquél negrito del Africa tropical….
Esto, cada día, se parece más a la guerra de Gila. Mi general, nos han enviado los cañones sin agujeros
Mirando hacia atrás, el mes pasado se hace tan lejano que perdemos la noción de lo que está ocurriendo, y seguimos en esto de improvisar que el mundo se acaba. Por ejemplo, hace dos semanas, más o menos, “Le Monde”, que es como decir lo mismo que la France, hablaba del éxito de Alemania, y se rendía ante las ventajas de la descentralización de la gestión federal, en el tema de la crisis del Covid-19, en contraposición de Francia, que el autoritarismo de Macrom, frente al pragmatismo de la Merkel, ha hecho de las estadísticas de contagios y fallecidos una especie de comparación, donde el estilo más “científico” alemán obtiene mejores resultados que la marcialidad francesa. Y de ahí viene mi titular: “Centralizar o Descentralizar, esa es la cuestión”.
Ya ha pasado el día de los difuntos y quedamos los “inocentes” para que los “departamentos” del Deep State monten sus “orgías” a costa de nuestra ignorancia. Esto sigue siendo un “Putiferio” por muy temprano que nos levantemos. Lo miremos como lo miremos.
Cada día, la prensa nos inunda de información que cuesta digerir. Y a veces, nos hace vomitar por lo difícil que resulta tragársela.
Yo, también tuve que ir una vez. Me recepcionó la secretaria.
«buenas, que tengo hora con el Pisquiatra» «no se dice Pisquiatra, se dice Siquiatra, aquí, la P no se pronuncia» me dijo.
Una vez dentro de la consulta, me dice el médico: ¿Qué es lo que le pasa?
«Pues, mire, doctor: que tengo un problema en la olla»
Las manías nunca vienen solas. Un abrazo Antonio.