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La CORRUPCIÓN es el birrete del propio estado (I)

Introducción a palo seco en el Putiferio nacional.

Si buscamos significados sobre la corrupción, tropezamos con: “aceptar sobornos, actividad delictiva previa relacionada con el cohecho, tráfico de influencias, malversación, fraudes y exacciones ilegales, negociación y actividad prohibida a los funcionarios públicos y por abusos en el ejercicio de su función, corrupción en las transacciones comerciales internacionales y delitos sobre la ordenación del territorio y el urbanismo, anticorrupción, delito de corrupción, nulidad de tratado, precio, recompensa o promesa”.

Pueden aparecer más, pero con estos sinónimos aplicados a la corrupción, ya tenemos suficiente para que nuestra ignorancia no sea cómplice de la misma.  Una complicidad, que se deja acurrucar bajo los cantos de sirena, de los “elocuentes comunicadores” que disponen las numerosas instituciones, fundaciones, agencias, partidos, plataformas, redes “sociales”, etc., que ponen sus “púlpitos” a su disposición para camuflar el execrable delito mediante cortinas de humo, para hacernos creer que los “contrarios” son más corruptos que ellos. Y, a veces, adornando la acusación con las indecencias de “entrepierna”, dirían en los mentideros de la Cortes, para pintarla de “inmoralidad”, como si el propio delito no fuera deshonroso, de por sí. Aunque, a veces, estos persuasivos oradores se convierten en predicadores o charlatanes.

Como dicen en Casos-Aislados, relacionado con el Caso Acuamed: “El virus de la corrupción se ha metido hasta la cocina del Estado”. Y eso es harina de otro costal. Un costal lleno de “gusanos” que, poco a poco, se va corrompiendo y contaminando a otros costales.

No importa que la Convención de la ONU contra la Corrupción, aprobara en octubre de 2003 (ratificada en julio de 2006 por el reino de la Spain democrática plena), la adopción de medidas exigiendo la creación de órganos independientes para prevenir la corrupción, dotándolos de recursos materiales y personal especializado, que facilite a los funcionarios públicos denunciar todo acto de corrupción a las autoridades competentes, incluso de manera anónima, protegiendo a los testigos y sus familiares. Pero, “como el que oye llover”. Y, si para ello, tenemos una Red de Oficinas y Agencias Anticorrupción (La OAAF) y una serie de departamentos, donde las palabras Antifraude y Anticorrupción, brillan y resaltan muy pulidas en los despachos de los responsables, no deberíamos de preocuparnos por las manzanas podridas, ellos las sacarán de la cesta, y nos mantendrán informados de sus “avances”.

Por ejemplo, en Cataluña tenemos la Oficina Antifrau de Catalunya, un espacio para los “Estudis IntegriCat 2” que publica artículos sobre el tema, como el titulado “¿Qué es la corrupción?, donde habla de la “Corrupción administrativa” y hace la siguiente Introducción: “La corrupción es un fenómeno universal. Y lo es en tres sentidos diferentes: ha existido en todas las épocas, se ha dado en todos los países y ha atravesado todos los sistemas políticos. Pero su universalidad no puede ocultar el hecho de que la corrupción no es una catástrofe natural frente a la cual nada se puede hacer, sino que es, por el contrario, una calamidad evitable producto de la acción humana”. Y ya podemos dormir tranquilos que el redil está protegido.

Pero, si se pone al zorro a guardar las gallinas, y al zorro no se le vigila, se nos daría una situación en que el funcionario corrupto tiene “manga ancha” para hacer y deshacer, a su antojo, en su “corral”. Un ejemplo, que viene como anillo al dedo: A fecha de 14/07/2025 (en El Nacional) “El Tribunal de Cuentas (Tcu) retrasa el juicio al magistrado D. De Alfonso, ex director de la Oficina Antifraude de Cataluña (OAC), responsable de haber cobrado de forma indebida 207.000€ cuando era director de la OAC, entre 2011-2016. Continúa ejerciendo de magistrado en Cantabria”. Es aquel que informó al ex ministro de Interior del PP, “Les hemos destrozado el sistema sanitario (el de Cataluña”. A lo mejor, es que la mano negra de la “Toga Nostra” anda detrás de estos retrasos, pero ese tipo de “corrupción”, no entra en los sinónimos señalados anteriormente. Yo no sé cómo llamarlo, de forma correctamente política, pero a pie de calle es un delito, como para no perderlo en un cajón, hasta que el delincuente se jubile.

Mucho ruido y pocas nueces, cuando vemos que las portadas de la prensa de un color y de otro, de un lado y de otro, se llenan, a bombo y platillo. Y es que mirando de reojo el “Caso Koldo”, nos hace pensar que no es sólo un político, o un empresario, el afectado por la corrupción, sino que detrás se mueve un entramado o red, con más personas implicadas. (Victor Lapuente a Carlos Rocha. 16/03/2024. El Confidencial). hablaba de que “hay una cultura de impunidad que en algunos momentos es terrible”. Será eso.

Pero, me da la sensación de que los políticos se ponen de perfil, como si la cosa no fuera con ellos y nos dejan a los ciudadanos, más bien súbditos, que todavía no hemos pasado a una categoría más democrática, a los pies de los caballos, mientras ellos, los políticos, se tiran piedras a los tejados, aunque algunos sólo escupen para arriba, creyendo que lo que cae es el “maná” de sus ambiciones.

Tenemos un escaparate tan diversificado para elegir que no es extraño que al poder de turno se le vaya la mano a la “caja” correspondiente. Es un parásito. Una especie de garrapata, que vive enganchado a la sociedad, enquistado en las instituciones, en los partidos políticos, en las empresas, en los sindicatos, etc., en todos espacios donde haya un resquicio de jerarquía para utilizarlo y dar satisfacción a sus codicias. Es decir, hay la suficiente información, como para no mirar hacia otro lado, cuando la exteriorización de esta carcoma de la sociedad nos salpica a la cara su escandalosa perversión. Pero nos parapetamos en la “ingenuidad” creyendo que nuestros votos pueden hacer cambiar el sistema y no vemos que este sistema está manipulado para que el reparto del poder sea bipartidista, que nuestro voto es un parámetro manipulable.

Vivimos en el error de pensar, que el régimen del 78, el emanado de la supuesta Transición “modélica”, heredó las corruptelas de la dictadura, pero la “hemeroteca” de nuestra historia está llena de corrupciones que, se retroalimentan en el seno de la política, la economía y la misma sociedad, genuflexionando a los pies del trono de turno.

Una corrupción, que ha estado presente en todas las etapas de la historia, desde la más lejana a la más cercana, es decir, la actual, con una relación común en todas ellas, bien sea en las monarquías, las dictaduras, las repúblicas y en la supuesta “democracia plena”, en forma de: clientelismo, tráfico de influencias, sobornos, comisiones o mordidas y la que aparece en último lugar: la financiación ilegal de los partidos políticos. Estamos hablando de un país donde la corrupción es el “birrete” del propio Estado. Y como señala M.A. Ordóñez en su obra: “Dos siglos de bribones y un malandrín” (2014), que la imagen de la corrupción borbónica, apunta que es “el modus operandi de los bribones que, cuando son atrapados, se excusan con que, al fin y al cabo, no hacían nada distinto a lo que hacen muchos otros”, y añade que “buena parte de nuestros políticos se resguardan tras el privilegio del aforamiento”. Cosa inaudita en otros países de nuestro entorno. Aplicable a nuestra “democracia plena”. Una especie de armadura que los protege, de forma descarada, de cualquier proceso, ralentizándolo y dotándole de “armas” suficiente para salir de la “justicia”, con pocos arañazos.

¡Ojo! que esto va para largo. Continuará…

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